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Roskopf o el relojero incomprendido.

Por Daniel Droz

Nota: traducción del artículo original publicado en el diario L’Impartial el martes 12 de febrero de 2002.      Artículo original

Ni una calle, ni una plaza, si  tan siquiera su casa. La huella de Georges-Frédéric Roskopf no se encuentra más que en el MIH – el museo internacional de relojería. El inventor del reloj que lleva su nombre no ha dejado grandes recuerdos a los vecinos de La Chaux-de-Fonds.

Su tataranieta Liliane acaba de publicar – este artículo fue publicado en 2002 –  una novela que nos habla de nuevo de este inmigrante del sur de Alemania que ha desembarcado en La Chaux-de-Fonds en 1829. «Una historia familiar», publicada por éditions Metropolis, no tiene ninguna pretensión histórica. La escritora traza, a partir de elementos dispersos, la historia del inventor y de sus descendientes.

La Chaux-de-Fonds juega un papel importante en la novela, pero no es un buen papel. «Esta ciudad, en su simplicidad, en su robustez y ausencia de florituras, era como el pequeño reloj que rechazó como a un bastardo, que era cívico y resistente como ella, su hijo en suma. Es extraño también que esta ciudad, socialista antes que otras, rechazara  la paternidad del reloj del pobre. Diríase que hubo un malentendido entre ella y mi tatarabuelo», escribe Liliane Roskopf.

¡Si! Georges-Frédéric ha creado «La Prolétaire» en 1867. Un reloj que ha destinado a los trabajadores. Roskopf será excluido de la corporación relojera de la ciudad. Las cajas se harán en Ginebra, los mecanismos en el Jura bernés, el resto fuera del cantón de Neuchâtel, y el acabado en la vecina Francia. Sólo el director de la escuela de relojería de Le Locle, Jules Grossman, le apoyará.

Georges-Frédéric Roskopf tenía su taller en la avenida Léopold-Robert 18. Hoy la torre de Pod 2000 se eleva fieramente en ese lugar. No merece la pena buscar una placa conmemorativa: desapareció con el edificio. El relojero, es lo que era, sufrirá insultos antes de dejar el Jura neuchatelino y de instalarse en Berna con su segunda esposa. Morirá en el anonimato en 1889.

Una medalla en París

«Fue muy buena persona», dice Charles-André Breguet. El técnico relojero de Le Locle siempre ha estado escandalizado por el hecho de que ni la ciudad de La Chaux-de-Fonds ni el MIH (Museo internacional de relojería) hayan celebrado a lo largo de los años al Alemán. En una época, «era más conocido en Francia que en Suiza», añade. Como no patentó nada, muchas veces se le imitó.

La llegada de los movimientos de cuarzo terminó por matar a los productores del modelo Roskopf. En 1960 no son menos de 16 millones de piezas Roskopf las que han sido fabricadas.

El Roskopf ha recibido una medalla en París en la Exposición universal de 1867. Ha estado en el trono junto a Girad-Perregaux, Tissot, Nordmann, Courvoisier Frères, Dubois, Perret. Constant-Louis Breguet escribió: «Como obtener para el trabajador, un reloj a bajo precio que le permitiese llegar a su taller a la hora reglamentaria, tal era el problema. Ha sido resuelto por un fabricante de relojería, el señor Roskopf de La Chaux-de-Fonds, cantón de Neuchâtel en Suiza, que ha tenido un completo éxito desde el punto de vista de la calidad y el bajo precio. Señores, el Comité, apreciando el servicio así rendido a las clases trabajadoras, tiene el honor de agradecer al señor Roskopf su reloj del pobre, y otorgarle una medalla de plata».

Entonces, ¿los vecinos de La Chaux-de-Fonds se decidieron a dedicar una calle o una plaza al inventor? El presidente de la comisión de toponimia precisa que el nombre del relojero figura en la lista de los próximos papables. ¿Para cuando? Imposible decirlo, precisa la asesora comunal.

Ciento quince años antes del Swatch

El reloj Roskopf «La Prolétaire» tenía la particularidad de contar con 57 piezas mientras que los relojes de la época tenían al menos 160. Este reloj simplificado «tuvo un éxito considerable en el extranjero, sin duda porque llega en un buen momento, en un mundo en plena industrialización, donde la regla de oro va a ser producir mucho y a bajo precio», escribe Liliane Roskopf. «En este sentido Roskopf es un precursor, que ha hecho con los relojes lo que Ford hará treinta años después en los Estados Unidos con los coches», estima la autora.

En su obra «Swatchissimo» Roland Carrera constata: «Y se ve ya un  hecho extraordinario: el reloj proletario, adoptado por gentes tales como el célebre profesor de Geología Escher de la Linth, en Zurich, por altezas reales, el ayudante de cámara del príncipe heredero de Prusia, futuro emperador de Alemania, y muchos grandes señores,  para hacer un regalo a sus agricultores, o por los que eran diputados, para regalar a sus electores. El Roskopf se convierte, en algunos casos, en palanca política. Ellos no se dedican por tanto a reservar uno para su propio uso. El fenómeno se reproducirá ciento quince años después con el reloj Swatch.

Reloj de bolsillo Roskopf

Roskopf Patent
Vista frontal del reloj
Roskopf Patent
Mecanismo
Roskopf Patent
Mecanismo
Roskopf Patent
Mecanismo
Roskopf
Detalle de la corona
Roskopf
Detalle del volante-espiral